Reproducimos a continuación, el artículo que, en El Correo de Bizkaia el pasado 1 de abril, publicó nuestro colega José Mª Nadal,  profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación de la UPV

Omar Calabrese, izquierdista y dandi

Ha muerto durante la noche del sábado [31 de marzo de 2012], de un infarto, el semiótico italiano Omar Calabrese. Florentino, tenía 62 años. Era catedrático en la Universidad de Siena, y había enseñado anteriormente en la de Bolonia. Como conferenciante había recorrido gran parte de las mejores universidades europeas y americanas.
Estaba muy relacionado con los ambientes culturales y académicos españoles, y especialmente con la Universidad del País Vasco y con la Asociación Vasca de Semiótica. Varios de sus libros han sido traducidos al español, con notable repercusión: 'La era Neobarroca' (ed. Cátedra, 1989), 'Cómo se lee una obra de arte' (ed. Cátedra, 1993) y 'El lenguaje del arte' (ed. Paidós, 1997, 2003). Otros más merecerían ser traducidos. Ha publicado sugestivos artículos en 'La Revista de Occidente' y en otras más. En Italia sus libros, más de veinte en editoriales de prestigio, son una referencia en el ámbito del arte, de la comunicación y de la política.
También ha sido estimado al norte de los Pirineos. Además de mantener relaciones frecuentes desde hace casi cuarenta años con la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, publicaba igualmente en francés. 'L'art de l'autoportrait' (2006) y 'L'art du trompe-l'œil' (2010) son dos buenos ejemplos. Este último libro recibió el premio Bernier de la Académie Française.
Destacado especialista en el análisis semiótico del arte, se había formado aunando las tradicionales escuelas italianas de estética con los novedosos estudios audiovisuales del DAMS de Umberto Eco en Bolonia, y con la escuela parisina de semiótica estructural de A.J. Greimas, sin descuidar las enseñanzas de Claude Lévi-Strauss y Roland Barthes.

Omar Calabrese, como Umberto Eco, o incluso mejor, podía realizar el análisis más especializado e inteligente sobre un ínfimo detalle en una pintura de Giotto, o bien la más comprensible e interesante de las divulgaciones sobre cualquier artista contemporáneo.
Ciudadano progresista, se había implicado varias veces en responsabilidades públicas: concejal en el ayuntamiento de Bolonia, asesor de cultura en el de Siena, consejero de política editorial y comunicación del gobierno de Romano Prodi. Había realizado programas divulgativos de arte en las cadenas italianas, y colaboraba en los mejores periódicos y revistas de su país: 'La Repubblica', 'Il Corriere della Sera' y 'L’Espresso'. Era un promotor cultural de primer orden, dirigía importantes instituciones, y poseía un instinto artístico, intelectual y sociológico irrepetible, capaz de comprender antes que nadie el espíritu y los movimientos de la cultura contemporánea.
Quizá la mezcolanza de intereses y experiencias entre lengua, televisión, cine, fotografía, pintura, moda, periodismo y política, sumada a su capacidad de adaptarse a los públicos más dispares, al rigor y a la claridad, a la cultura del pasado y a la del presente (a la de la ultimísima hora), a lo elitista y a lo popular, a lo espiritual y a lo material, quiza todo ello es lo que le otorgaba su carácter especial, inconfundible como su figura.
Era un dandi en su aspecto y un izquierdista en su corazón: un exquisito en medio del pueblo. Muy educado, considerado, acogedor y elegante, parecía un aristócrata nada altivo ni pretencioso, sacado de una película de Visconti o de Bertolucci. Sin embargo, podía resultar directo e incisivo cuando la ocasión lo requería, y no era raro verle polemizar con temible ardor en los debates académicos.
Con afecto, muchos le recordamos mientras paseaba de noche, al final de los años 80, por las Siete Calles, y, no hace mucho tiempo, bajo el sol filtrado por las hojas de los árboles, entre el Museo de Bellas Artes y el Guggenheim.